• Marta Santafé

Ruta del agua de Cáceres: la Ribera del Marco y el acuífero El Calerizo

Es conocido por todos que el centro antiguo de la ciudad de Cáceres constituye un privilegiado conjunto monumental único en España donde se aúnan excelentes muestras de arquitectura civil y religiosa de época renacentista. También podemos encontrar restos de los antiguos pobladores de esta bella ciudad: prehistóricos, romanos y árabes, entre otras civilizaciones. Este conjunto excepcionalmente bien conservado motivó su declaración como Monumento Nacional en 1949, y como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1986.


Lo que no es tan conocido es lo que nos podemos encontrar apenas nos alejamos un poco a las afueras de la ciudad. Cáceres cuenta con un entorno natural privilegiado y para muchos de sus habitantes es un gran desconocido. La ubicación de la ciudad no se puede entender sin dos elementos que, de no existir, no hubieran permitido el asentamiento de sus primeros pobladores: el acuífero El Calerizo y la Ribera del Marco.


La ubicación de la ciudad, junto al Calerizo de Cáceres y en las proximidades de la Ribera del Marco no es fortuita, de hecho, responde a la necesidad de abastecimiento de agua de un núcleo poblado que carece de río de cierta entidad, como sí ocurre en la mayoría de las capitales de provincia del país.


Efectivamente, el origen de la ciudad es peculiar, ya que Cáceres es una de las pocas ciudades en España que no tiene río y tampoco está próxima a montañas que garanticen la afluencia de agua. En Extremadura, por ejemplo, ciudades antiguas como Plasencia, Coria, Mérida o Badajoz, sólo pudieron prosperar por el río Guadiana o afluentes del río Tajo. Cáceres se convierte así en una excepción casi única en la geografía española, que solo puede ser explicada en términos geológicos. La existencia de este ecosistema fluvial permitió, sin duda, la instalación de los primeros pobladores y ha proporcionado desde entonces los recursos necesarios para la vida en la ciudad que fue originándose en torno a éste.

Si la geología de la zona hubiera sido otra, Cáceres nunca se hubiera emplazado en el lugar en el cual está ahora y ciudades como Plasencia o Mérida habrían ocupado ineludiblemente su posición. El agua que los primeros pobladores aprovecharon y que permitió su asentamiento se encontraba en el subsuelo, el denominado acuífero de El Calerizo.


Efectivamente, el origen de la ciudad es peculiar, ya que Cáceres es una de las pocas ciudades en España que no tiene río y tampoco está próxima a montañas que garanticen la afluencia de agua.


Acuífero El Calerizo


El Calerizo es un acuífero de unos 14 km2 de superficie y aproximadamente de unos 12-13 hm3 de capacidad. Se trata de un depósito subterráneo de agua, formado por capas calcáreas. Su forma es, por tanto, la de éstas; con contorno irregular y más de 1 km de profundidad. La recarga natural del acuífero se produce a expensas de una fracción del agua de lluvia, que se infiltra en el terreno por las discontinuidades, que supone, para hacernos una idea, casi la mitad de la capacidad del embalse de Guadiloba (unos 20 hm3).


Una masa de agua subterránea que atrajo desde el Paleolítico Superior el asentamiento de los primeros pobladores en la zona (como se demuestra en los estudios realizados en las cuevas de Santa Ana, el Conejar y Maltravieso) y que hasta hace poco, alrededor del año 2000, ha estado abasteciendo a la ciudad y alrededores, como las poblaciones de Valdesalor o Malpartida. Actualmente, continúa cumpliendo su función de suministro de agua para consumo humano (urbanización y campo de golf) y numerosas casas particulares, mediante pozos. También se usa por el Ayuntamiento para el riego de determinados parques públicos.


La importancia de este acuífero radica en la peculiar estructura geológica que permite la acumulación e infiltración de recursos a través de materiales permeables (calizas carboníferas), constituyendo una reserva de gran valor estratégico para la ciudad de Cáceres. Los mayores problemas que existen en este acuífero se relacionan con la existencia de la propia ciudad, hecho que constituye un foco potencial de contaminación, la importante actividad extractiva en canteras (mármoles) y la actividad minera (fosfatos) que estuvo a punto de dar al traste con la descarga natural del acuífero (Charca del Marco), cuando la mina Esmeralda llevó a cabo obras de drenaje. Afortunadamente el drenaje de la mina se sitúa a una cota similar a la de la descarga (430 msnm), por lo que no se ha llegado a afectar de forma definitiva al acuífero.


El Calerizo es el motor de todo, aunque la ciudad viva de espaldas a él. Muchos incluso, ignoran su existencia. El subsuelo cacereño oculta un patrimonio de gran valor que nos sirve para comprender el pasado y presente de la ciudad. Las rocas calcáreas del subsuelo de Cáceres tienen mucho que contarnos, mucho que ver en el devenir de este territorio. Una vez más la geografía condiciona la historia, la antropología, la arqueología, la vida misma.



Charca del Marco. Fuente: María Ángeles López Lax (ACIMA)

El subsuelo cacereño oculta un patrimonio de gran valor que nos sirve para comprender el pasado y presente de la ciudad. Las rocas calcáreas del subsuelo de Cáceres tienen mucho que contarnos, mucho que ver en el devenir de este territorio. Una vez más la geografía condiciona la historia, la antropología, la arqueología, la vida misma.

Las cavernas


Desde el punto de vista arqueológico los expertos hablan de un espacio único y singular que nunca deja de sorprender. Yacimientos arqueológicos hay muchos en el mundo. Pero disponer de varios en un mismo territorio que permitan investigar la vida y su evolución en distintos períodos prehistóricos es algo extraordinario. Así ocurre en lo que ya se denomina Complejo Arqueológico Cacereño ubicado en el subsuelo de El Calerizo, un espacio donde se están produciendo hallazgos muy relevantes e incluso únicos en Europa, que permiten situar la presencia humana en la cueva de Santa Ana hace 800.000 años, con perspectivas de remontarse un millón de años atrás, cuando el hombre llegaba al continente.


Destaca entre este conjunto de cuevas la denominada Cueva de Maltravieso, situada en el parque del mismo nombre en la ciudad de Cáceres, es un centro referencial en el Calerizo: refugio de cazadores recolectores hace 350.000 años, centro simbólico de las comunidades del Paleolítico Superior y, finalmente espacio funerario para las sociedades agrícolas del Neolítico y de la Edad del Bronce. Los estudios realizados en el área cacereña y en especial los yacimientos en cueva, cuentan con un valor añadido ya que son los únicos descubiertos hasta hoy en la región que presentan secuencias estratigráficas completas en las que se incluyen materiales arqueológicos susceptibles de ser analizados desde un amplio abanico de disciplinas.



Imagen 1: Cuevas de interés geológico de reciente descubrimiento en el subsuelo de El Calerizo. El Periódico de Extremadura. Imagen 2: Cueva de Maltravieso en El Calerizo, www.evoluciona.org


Patrimonio hidráulico


Además de las riquezas del subsuelo de las que todavía queda mucho por descubrir, y cuyo incalculable valor hay que preservar, tenemos mucho que explorar en la superficie.


En torno a este acuífero y la Ribera del Marco (donde afloran las aguas subterráneas) existe un excepcional enclave natural, así como un conjunto de restos del pasado cacereño (pozos, molinos, puentes, pontones, norias, acequias, fuentes, etc.), un patrimonio hidráulico de gran interés que se localiza en un marco geológico de gran valor habitado por una gran diversidad de fauna y flora.


La conocida como Ribera del Marco (también denominada del Rey, del Concejo o de La Madre) cruza la ciudad de Cáceres de Sur a Norte por la parte Este de la misma. Es un elemento fundamental para explicar el origen de la ciudad y la historia de sus habitantes. Molinos, fuentes, acequias, puentes, se distribuyen en sus más de siete kilómetros de longitud. La Ribera del Marco está salpicada por numerosos elementos relacionados con el agua, muchos de ellos testigos mudos de la historia de la ciudad y sus habitantes.


Apenas nos alejamos del centro de la ciudad se abre ante nuestros ojos un entorno que nos invita a dar una caminata y disfrutar de cada uno de los rincones que se nos van presentando a nuestro paso. Una suerte de corredor verde a las afueras de la ciudad que es muy recomendable recorrer sin prisas para poder captar todos sus encantos.


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Un entorno amenazado


El ser humano decidió asentarse hace al menos 10.000 años en las cuevas de Maltravieso. La presencia de agua, y los cobijos naturales creados por las formaciones calizas permitirían un lugar óptimo para la existencia humana. Los fértiles suelos del Marco permitieron también crear una incipiente agricultura de la que nos quedan numerosos restos desde al menos la Edad Antigua. La ciudad fue creciendo y el equilibrio existente entre la población y su entorno natural se vio amenazado.


Desde mediados del siglo XX se utilizaron las aguas del Calerizo para poder abastecer las necesidades de la ciudad. Pronto se vería que ese uso era inapropiado para las crecientes necesidades industriales –el agua era dura, y la cal obstruía rápidamente maquinaria industrial- y se haría imprescindible crear presas artificiales –como el Guadiloba- para paliar esa amenaza. Hoy en día vemos que ni siquiera una presa así es capaz de satisfacer nuestras necesidades y que el problema del agua es hoy tan acuciante para la ciudad como lo fue para el primer poblado de Maltravieso. Ciertamente, hemos pasado de beber el agua del Calerizo a usarla para regar un campo de golf. Pero es presumible que, si el cambio climático se acelera en las próximas décadas, como así lo vienen demostrando los estudios científicos existentes, el futuro de Cáceres se verá comprometido y dependerá de soluciones extremadamente costosas.


A esta amenaza le añadimos la del urbanismo desorganizado de la ciudad que ha prácticamente destruido el paraje que le permitió nacer: la Ribera del Marco, provocando la desaparición de buena parte de las antiguas tierras cultivables, ahora bajo el asfalto y las edificaciones, y la escasa pervivencia de un entorno fluvial, hoy casi irreconocible si lo comparamos con la proliferación de los fósiles vegetales del cuaternario.


Naturalmente estos son lo que muchos llamarían “daños colaterales” del progreso humano, pero que otros ya ven como una huida hacia adelante, sin afrontar el reto que supone un desarrollo sostenible a largo plazo. La historia local de Cáceres es en el fondo, el reflejo pálido de una historia mucho más universal, en la que está comprometida la supervivencia del ser humano como especie.


Es presumible que, si el cambio climático se acelera en las próximas décadas, como así lo vienen demostrando los estudios científicos existentes, el futuro de Cáceres se verá comprometido y dependerá de soluciones extremadamente costosas.

Protección ambiental de un enclave único


Llegados a este punto es momento de destacar también el arroyo del Marco, de apenas 7 kilómetros de longitud, y su conexión con el acuífero de El Calerizo, como enclaves de excepcional interés para su conservación y puesta en valor, de manera que mediante su conocimiento podamos asegurar su preservación y cuidado.


Según el experto hidrogeólogo y profesor Juan Gil Montes, uno de los técnicos que mejor conoce El Calerizo, el acuífero es muy vulnerable a la contaminación por vertidos en su superficie (vertederos incontrolados, colectores de aguas fecales, quema de neumáticos, etc), que podrían incluso dejar inutilizado el recurso.


Se ha llegado a un estado de tal degradación, que se hace necesaria una urgente ordenación de este territorio para transformarlo en un espacio ecológico periurbano, donde se delimiten, protejan y conserven todos sus recursos naturales, las fuentes, las represas y los cauces de las aguas de la Ribera, así como los fértiles terrenos hortofrutícolas circundantes, los árboles singulares, los molinos y los yacimientos arqueológicos y de fósiles que aún se conservan. Un verdadero corredor ecológico y cultural donde los cacereños puedan disfrutar de su rico patrimonio histórico, natural y etnológico.


En la actualidad existen varias propuestas para la protección de la Sierra de la Mosca, la Montaña y del Calerizo para que sean declaradas Paisaje Protegido. La idea de establecer un perímetro de protección en el acuífero también se estima necesaria para preservar este recurso que tanto ha dado en el pasado a la ciudad y que tanto tiene todavía que ofrecer a sus habitantes. Tenemos la obligación de preservar este entorno.


Bajo el lema “Conectar a las personas con la naturaleza” la ONU hizo un llamamiento para preservar los ecosistemas naturales, dado que son las principales fuentes de prosperidad, salud y bienestar, y nos anima a poner los cinco sentidos en cuidar nuestro entorno natural para que pueda ser disfrutado también por las futuras generaciones.




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